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Confesiones de mi vida/Por Gaby Soto

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Hoy iniciare escribiendo confesiones, esas que lastiman el alma, dicen que la soledad es una buena aliada para encontrarnos a nosotros mismos y yo lo creo así. De pronto la muerte ya no es extraña para mí, de niña escuché hablar de ella y sentí terror el pensar en perder a los que amo. Mi niñez fue sencilla, humilde, errante, con grandes carencias económicas, pero con una gran madre que hasta hoy es mi maestra. Los caminos de la vida me han llevado por senderos de tristeza, también de alegría, pero los que me han hecho crecer y ser mejor son las lecciones de dolor.

No es que me guste sufrir, más bien hago mi balance diario, de pérdidas y ganancias. En mi camino, de cerca he enfrentado la muerte de mi abuela primero, a la que nunca trate, solamente la vi una vez, pero imaginándola la amaba, luego la de mi padre con quien conviví hasta la edad de seis años y deje de verlo en mi adolescencia, luego pase el proceso de duelo del padre de mis hijas, entonces mi esposo, pasaron años y vi partir a mi compañera de juegos, a mi hermana dos años mayor que yo, a quien protegí como sí ella fuera menor, a quien sigo llamando Rude, como si estuviera a mi lado.

Ahora he perdido algo que ame con toda mi alma y que me duele escribirlo, porque creció con mis hijas, porque le compre y lo lleve a casa para que mis hijas soportaran el duelo de la ausencia de su padre, porque lo regale a Ireri que se había sumido en su soledad al no comprender las cosas que sucedían a su alrededor. Porque pasé con bombón muchas cosas bonitas y otras tristes, lo hice sobrevivir siendo bebé, cuando enfermaba y corría con él al doctor, sin importar la hora del día o la noche. Mi perro murió hace unos días.

He vivido los duelos de mi actual esposo, el amor de mi vida, ni compañero, mi cómplice y amigo, a veces creemos que el dolor que soportamos por nuestros duelos propios lo supera todo y no es así. Duele más ver sufrir a los que amas, intentas consolarlos y las palabras suenan huecas, quieres abrazar su alma y la distancia y las prisiones de un país con reglas de estatus no te dejan. Porque vivimos en un país que te ofrece muchas oportunidades económicas, pero también te hace dejar atrás a los tuyos, aquí es importante tener un número para trabajar, una licencia para conducir de acuerdo a tu estatus migratorio, hablar un idioma y muchas más dificultades.

Cuando en tu pueblo te necesitan simplemente no estas, y vuelves a tu origen solamente para enterrar a tus padres, para cerrar esa etapa importante de tu vida. Esas raíces que te hicieron ser lo que hoy eres, esos patios de casa humildes que guardan tus risas infantiles, que guardan tantos recuerdos. Yo no tuve casa en mi infancia, lo mío fue vivir por todo el pueblo, pagando rentas baratas, porque mi madre no podía ofrecernos más que alimento, escuela, ropa humilde que los hermanos nos heredaron. En esa pobreza surgen los grandes soñadores.

Ahora que he conseguido acercarles sus sueños a los míos, me siento llena de satisfacciones, mi madre tiene la tranquilidad de una vivienda digna, un hogar estable, con todas sus necesidades cubiertas, mis hijas y mis nietos, cuentan con un lugar para vivir. Yo vuelvo al principio, estoy viviendo en una casa humilde y de renta en un país que no es el mío. Quiero vivir aquí por un tiempo, pero no echar raíces, no adquirir deudas, no sentirme presa de un sistema. Porque mi hogar está en mi pueblo y porque ahí esperan los tesoros más valiosos de mi vida.

Porque he descubierto que las cosas materiales no te llenan el alma, el alma se llena cuando haces cosas de buena fe y ayudas a otros, he descubierto que cada uno tiene mucho por dar. Tengo tres hermosos hijos y tres nietos, con los que casi no convivo. Mi hijo el más pequeño ha tenido una gran formación humana, pero también se ha asomado a ventanas inimaginables del conocimiento, él está aquí conmigo, como el más fiel de los escuderos, y domina a la perfección el inglés, pero cuenta con el conocimiento de dos culturas. Tiene un espíritu rebelde como todo adolescente, pero toma decisiones responsables.

Las confesiones duelen tal vez por ello no todos las escriben…