Inicio Opinión Deontología presidencial; el deber ser de un Presidente/ Por: Martín Ramos

Deontología presidencial; el deber ser de un Presidente/ Por: Martín Ramos

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Deontología del griego “deon” que significa “deber ser” y “logos” referente a el “estudio de”, es decir que deontología hace referencia a el deber ser de las cosas. Es aquella rama de la ética encargada de estudiar el deber ser de las cosas, específicamente en la rama social, ya que es en esta en donde los conceptos imperan y las definiciones no existen.

En este sentido, la deontología presidencial es aquella que estudia el deber ser de un Presidente, y esto viene a colación por los desafortunados sucesos que acontecieron el pasado 24 de diciembre en donde perdieron la vida Rafael Moreno Valle y Martha Erika Alonso, Senador y Gobernadora de Puebla  de Acción Nacional respectivamente, ya que la figura presidencial brilló por su ausencia en el sepelio de los anteriores. Pero el deber ser del Presidente no solamente lo podemos reducir a su presencia en un acto solemne, sino que se remonta al primero de diciembre y a la controversial decisión judicial de darle el triunfo a Erika Alonso, ya que abiertamente el Presidente de la República manifestó su desencanto y rechazo de que su candidato no ganó en las urnas, indistintamente de haber contado voto por voto, aquel voto por voto que exigió en 2006.

La figura Presidencial debe representar unidad y consolidación de todos los mexicanos, pero más allá de este lugar común, el Presidente debe ser sensible con la tragedia ajena y con el sufrimiento delos cercanos de aquellos. Decía Platón que el gobierno debe recaer sobre los hombres sabios ya que estos en su infinita virtud encontrarían el fulgor menester para el desempeño de las magistraturas públicas, mientras que por su cuenta Aristóteles manifestaba que en sentido contrario el gobierno debería recaer sobre las leyes ya que la ley es “razón sin deseo”.

Así, ante tan lamentables hechos existe una ley no escrita en la que la presencia de la figura que representa a la Máxima Autoridad cuya legitimación descansa sobre treinta millones de votos, obliga a esta a estar presente ya que el sepelio de tan notables figuras de la política nacional pertenecientes al partido más grande de oposición pasa de ser un acto privado para transformarse en un acto de Estado, en el cual se fomente y procure la unidad que nuestra nación pide a gritos. Más hombres de Estado y menos politiqueros.