Inicio Opinión EL PRECIO DE LA CACERÍA FURTIVA/ por: P. Ángel Espino García

EL PRECIO DE LA CACERÍA FURTIVA/ por: P. Ángel Espino García

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1.- Había una vez un león que tenía hambre de un becerro. Entró en la granja del campesino Luis, donde había vacas, toros y ovejas. Don Luis para atrapar al león, cerró la puerta. La fiera no pudo salir, mató y comió de todo. El granjero tuvo miedo de ser devorado y optó por abrir la puerta para que la fiera huyera. La esposa al ver llorar al marido, lo reprendió y le dijo: ¿De qué te quejas? Ya tienes lo que buscaste. En lugar de correr al león, le abriste la puerta. Desde el principio lo hubieras alejado.

2.- ASÍ EN LA ECOLOGÍA.- Cuando un presidente de Comisariado de  Ejidos o Comunidades, abre la puerta para vender su bosque y no se trabaja con el método de la silvicultura, sino que dan amplios permisos para obtener más ganancia en su período de tres años, al terminar su cargo, la asamblea que es dueña del recurso forestal, lamenta el deterioro de su bosque y que el agua de su manantial disminuyó o ya murió. Pero de qué se quejan, si le abrieron la puerta al león. Hay que pensar a tiempo, de lo contrario saldrán malheridos de la contienda.

3.- LA VOZ DE LA IGLESIA. Dice el Papa Francisco: “Esto no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado de colaborar con ella y a proteger su fragilidad. Estas ideas terminarían creando nuevos desequilibrios por huir de la realidad que nos interpela. Especialmente deberían exasperarnos las enormes desigualdades que existen entre nosotros, porque seguimos tolerando que unos se consideren más dignos que otros. Dejamos de advertir que algunos se arrastran en una degradante miseria”. (L. S. # 90)

4.- LA CACERÍA LEGAL O ILEGAL ES UNA AMENAZA.- La matanza, captura y venta de especies es un negocio colosal, pero es una amenaza contra la biodiversidad. El crimen organizado ya entró a este negocio que es el segundo más redituable, después de las armas y las drogas. Un gorila vivo cuesta 150 mil dólares; una piel de oso panda 100 mil; un kilo de cuerno de rinoceronte 56 mil; un tigre de dos años 70 mil dólares. En el año de 1900 vagaban por el mundo unos cien mil tigres, y ahora solo quedan unos 3 mil. En Tokio un abrigo de piel de tigre cuesta 100 mil dólares. Los ricos pagan hasta 20 mil dólares por un tapete de tigre. La cacería ilegal se ha disparado porque hay arreglos y los cazadores furtivos rara vez son atrapados. También las plantas exóticas y los cactus están en peligro. Mientras no tomemos conciencia, no habrá solución. Decía San Agustín: “Lo que no se asume, no se redime”. ¡Salvemos lo verde!