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Mis huellas del alma/Por Gaby Soto

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Me ha pasado que cuando tardo un poco en escribir, estoy pasando por momentos difíciles. La ausencia de mi hijo, se siente en cada lugar de la casa, pero confío en Dios que lo protegerá y lo acompañará en todo momento, mientras busca conquistar sus sueños. La última semana que estuve en mi pueblo mi madre enfermó y la vi grave, con bajos signos vitales y un dolor tan fuerte que su voz se apagó para convertirse en un quejido, ella doblada y dejándose vencer. Afortunadamente estuvo con nosotros el amigo nuestro y de muchos de mi pueblo, el Dr. Pepé, quien con gran acierto nos aconsejó internarla de urgencia.

En ese momento cuando mi madre se enfermó, estaba con ella mi hija Ireri afortunadamente, fue mi pequeña guerrera quien la llevo al doctor, junto con Dannis mi nieta que se llevó un gran susto. Ese día me había tocado ir a Ocampo por lo del periódico y mi hija Mikkeli estaba conmigo, regresamos y llegamos al consultorio del Dr. Pepé. De ahí manejó mi hija Mikkeli a un hospital privado en Ciudad Hidalgo. Cuando vez de cerca como sufre lo que más amas, no quieres otra cosa más que quitarle el dolor, atenderla y cuidarla. Mi madre ha sido el pilar más grande de mi vida. No imagino como en este mundo existimos hijos a los que no les preocupa, donde viven sus padres, que comen, como hacen para sobrevivir.

Adquirí una conciencia de lo que me rodeaba, desde la edad de seis años, me dije: un día voy a crecer y daré a mi madre, lo que la vida le ha negado: una casa propia, para que ya deje de rentar, esa casa será una vivienda digna con todo lo que necesita para ser feliz, haré que deje de trabajar tanto. Mi madre dormía muy poco, trabajaba por las noches en un restaurante, para criarnos a todos sus hijos. Según mi madre, trabajaba todas las noches, para cuidar de nosotros en el día, así que las pocas horas que la veíamos ella dormía. Tal vez esta fue una de las principales razones por las que yo recibí tanto apoyo de mis maestros, ellos me impulsaron a ser líder.

A la edad de 21 años tuve mi primer empleo, al lado de Jaime Martínez Veloz, mi gran amigo, de esos que te comunicas con ellos, con muy pocas palabras, porque te conocen tanto que saben lo que pasa por tu cabeza, sin que tengas que decirlo. Con ese empleo en Sedesol Tijuana fui autosuficiente, para mantener a mis hijos, a mi madre y mandar dinero a mi hermana menor para que siguiera estudiando. Desde ese tiempo mi madre decidió cuál sería su destino, de los ocho hijos que fuimos me eligió a mí. Creo que lo hizo porque a mi lado ha sentido la confianza y la seguridad de saber que cuenta conmigo incondicionalmente, porque la amo por encima de todo.

Ella mi madre Solecito es como mi escudera, esta palabra es clave en mi vida. Un Quijote sin escudero no es nadie. Con mi madre, a mi lado me he jugado muchas apuestas, y en todas he ganado, porque ella es mi fuerza. No hay guerrera más fuerte, ni más valiente que ella. Mis hijas ahora cuidan de mi Sol, mientras estoy lejos, hay quienes dirán que somos nosotras las que hemos acabado su vida, pero yo no diría eso, somos quienes le hemos dado parte en todo. Cierto quiere y ha cuidado a mis hijos, cuida a sus bisnietos y se desespera con ellos. Después de la muerte de mi hermana Rosy, la vi perdida, sola deprimida. Pero el nacimiento de mi nieto Franco, se convirtió en su motor y alegría.

Cumplí como hija cada cosa que me propuse para ella mi madre, cambie para bien su mundo, tiene lo que quiere y vive como le gusta, disfruta del hogar que le construí, solamente con la ayuda de Dios y mi trabajo, es mi hogar ese lugar, es mi refugio al que regreso constantemente. En los peores momentos de nuestras vidas cuando más sufrimos por alguien, aflora lo mejor de los seres humanos, o su mezquindad. Yo voy más por pensar que cada quien da, lo que tiene en su corazón, cuando la vida te ha dado tanto no puedes tener para dar más que amor. No me sobra nada, soy alguien que vive de su trabajo, que provee a los suyos y que ahora en la actualidad mi esposo es un gran compañero.  Mis tres hijos y mis tres nietos son mi orgullo, amo a quien cuida de los míos.

Dice el dicho que amor con amor se paga y lo creo así, mientras estoy fuera trabajando en este país que no es mío, pero al que quiero porque aquí está mi esposo e hijo. En mi pequeño pueblo hermoso gobierna un hombre cabal, de honor se llama Jesús Mora, y desde que recurrí a él ha apoyado e impulsado a mis hijas, ellas tienen una gran capacidad para hacer su trabajo, pero que importante es estar lejos y saber que alguien ve por los tuyos. Eso es un don de Dios. Gracias desde aquí amigo Jesús Mora, por todo lo que haces por el pueblo y también por todo lo que haces por los que amo.

Mi Solecito se recuperó, la interne una vez más ya en Tuxpan en la clínica, regrese a mi casa cuando ya mi madre estaba en su hogar, espero Dios me la cuide y me la conserve por muchos años más, he tratado de ser una excelente hija, y sin llegar al egocentrismo creo que lo he logrado, porque más que mi madre, también es mi amiga, mi cómplice, mi fortuna y mi regalo de Dios.