NOVUS ORDO SECLORUM Alternancia, espejismo político.

- Por: M. en D. Joaquín R. Benítez V.
- “La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros” Anónimo.
En las elecciones del pasado domingo 5 de junio, el gran ganador fue el Partido Acción Nacional, al obtener 7 de las 12 gubernaturas, así como un alto número de municipios y diputaciones locales, con ello aumentan sus posibilidades de ganar los comisiones gubernamentales a disputarse en el 2017, así como de recuperar la presidencia de la república en 2018.
El resultado de esta jornada electoral representa para el PRI, una llamada de atención a no seguir confiando en su “voto duro” ni en la compra del mismo, pues los casos de corrupción en los que se han visto involucrados sus militantes en sus diferentes niveles de gobierno, han orillado a los votantes a volver el rostro a otras opciones políticas que representen la opción menos perjudicial.
El voto de castigo al PRI en estas elecciones, también debió ser para el PAN y PRD, pues no debe olvidarse que las reformas en materia laboral, educativa, energética y financiera fueron una propuesta del ejecutivo federal, pero avaladas y aprobadas en contubernio con las principales fuerzas políticas del país, incluidos los partidos Verde y Nueva Alianza, olvidando esa complicidad.
En este contexto, el PAN tiene que replantearse la manera de gobernar, si quiere tener una permanencia, debe comenzar a realizar acciones que beneficien al pueblo y olvidarse de los “pactos por México”, por tanto, requiere una transformación verdadera, no la simulación realizada en los gobiernos de Fox y Calderón (2000-2012), los cuales resultaron ineptos, intolerantes, sangrientos y aberrantes.
La alternancia partidaria en las entidades federativas no representa un cambio de rumbo social y económico, pues el sistema político obedece a intereses grupales y particulares que son incompatibles con los del pueblo, aunado a las complicidades y entramados de intereses que tienen los partidos políticos, ese pacto no escrito de impunidad en los que hay una protección de gobernantes salientes con los entrantes.
Cuando Vicente Fox ganó las elecciones presidenciales del año 2000, millones de mexicanos tuvieron la esperanza de una transformación, de arreglar los conflictos del país en “cinco minutos”, pero sobre todo de castigar la corrupción priista enquistada por más de 70 años, no como una cacería de brujas sino como un acto de aplicación de la ley y de justicia, empero, el entusiasmo se convirtió en decepción con las actitudes del gobierno panista.
Se espera que en los Estados donde habrá una alternancia, verdaderamente se logre un cambio o por lo menos se sienten las bases de la transformación política, quizá sea Chihuahua la punta de lanza, pues el virtual gobernador Javier Corral, ha sido un funcionario público comprometido con la transparencia, rendición de cuentas y enemigo de la impunidad, al menos desde su escaño en el Senado demostró su integridad y compromiso hacía la nación.
En el sistema partidocrático que rige en el país jamás ganará el pueblo, los problemas de la sociedad están diametralmente opuestos a los intereses de los gobernantes, por ello no importa el color del gobierno en turno, al final todos ha sucumbido a las tentaciones del poder, pocos han sido los políticos que han tenido una historia sin los de enriquecimiento ilícito, despotismo, abuso de autoridad, entre otros.
Resulta complicado desentrañar el entramado de las complicidades de la política mexicana, quienes llegan a ostentar el poder público tratan de enriquecerse a toda costa, sin importar si en el camino atentan contra la nación que dicen servir; lo único cierto es que se dejan corromper aunque en el discurso hablen de buenos ideales.
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