Contemplando la creación

Por: Ángel Espino García
MILES DE PELIGROS ACECHAN A LA MARIPOSA MONARCA (4 de 5)
“Cuando un pueblo trabaja, Dios lo respeta. Pero cuando un pueblo trabaja y canta, Dios lo ama” (Facundo Cabral)
1.- Cuenta la historia que el científico Tomás A. Edison intentó durante años construir una batería que almacenara carga eléctrica. En ese proyecto gastó su fortuna. Pero un fuego inesperado quemó todo: compuestos empacados, discos, cintas y sustancias costosas con que trabajaba. Quedó en la ruina. El costo: dos millones de dólares. Su hijo Carlos buscó a su padre para consolarlo. El papá estaba sentado en el piso mientras contemplaba las llamas, mientras todo era polvo y ceniza. Al día siguiente el científico llamó a su hijo y delante de las ruinas exclamó en voz alta: “Hijo mío, en este desastre hay algo muy valioso: se quemaron todos nuestros errores. Gracias a Dios que nos da vida. Hoy podemos comenzar de nuevo”. Tres semanas después del incendio, el científico inventó el primer fonógrafo para bien de la humanidad.
2.- ASÍ EN LA ECOLOGÍA.- Ante la erosión de los suelos, hay ojos ciegos y oídos sordos de algunas autoridades y la devastación sigue adelante. No debemos quedarnos llorando ni con los brazos paralizados. Ante los aparentes fracasos, se descubre un campo lleno de posibilidades. Ante la disminución de bosques y el quebrantamiento de los ecosistemas, pueden surgir dos posturas: 1): enojarse, lamentarse y frustrarse. 2): descubrir que podemos generar algo positivo. Dice la Biblia en Romanos 8, 28: “Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios”. Bien decía el poeta Tagore: “No se equivoca el río cuando al encontrar una montaña, rodea y retrocede para seguir avanzando; no se equivoca la semilla cuando muere en el surco y forma una planta nueva; no se equivoca el pájaro cuando ensaya su primer vuelo y se lastima al caer al suelo; no se equivoca el hombre cuando ensaya distintos caminos para alcanzar nobles ideales. Al final del camino, Dios no premiará por lo que uno encuentre, sino por aquello que cada quien haya buscado honestamente”. Así pues: cada día es posible volver a empezar. El científico es un ejemplo. Con la fe en Dios, no nos dejemos derribar por nada.
3.- LA VOZ DE LA IGLESIA.- El Papa Francisco nos invita a ver y sentir nuestro planeta, como nuestra casa común. Dice: “Hace más de 50 años, cuando el mundo estaba al filo de una crisis nuclear, el Santo Papa Juan XXIII escribió la encíclica “Pacem in terris”, en la cual no se conformaba con rechazar la guerra, sino que quiso transmitir una propuesta de paz. Ahora frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta. En la encíclica “Alabado seas, mi Señor”, intento entrar en diálogo con todos, acerca de nuestra casa común”. Ojalá que pensemos globalmente pero que actuemos localmente. No echemos en saco roto los consejos y directrices que nos marca el Papa Francisco, un hombre sabio, santo, pobre, alegre y cariñoso, para gloria de Dios y bien de la Humanidad.
4.- MILES DE PELIGROS ACECHAN A LA MONARCA.- Poco antes de los ventarrones y nevadas de marzo, la parte oficial había anunciado con bombo y platillo que la afluencia de la mariposa se había incrementado en un 255%. Era una excelente noticia, dado que dos años antes, el número de mariposas había registrado el nivel más bajo en 20 años, con solo media hectárea de monarca. Sin embargo marzo echó por tierra tan grata información pues murieron millones de mariposas bajo la nieve. Ojalá que el descubrimiento que hizo el zoólogo canadiense Fred en 1976 sobre el peligroso viaje que realiza la mariposa, lo sepamos valorar. Que nos unamos para cuidar el planeta. Bien dijo el filósofo Publio Siro: “Donde hay concordia, siempre hay victoria”. ¡Salvemos lo verde!



