Opinión

Arena suelta/ Tayde González Arias

 

La historia humana es en gran parte indescifrable, muchas cosas se conocen desde su origen hasta su recreación pero otras tantas no; hablar por ejemplo se le atribuye a la aparición del alfabeto y la necesidad imperiosa de transcender y la simbología es el argumento de quienes sostiene esta teoría.

La comunicación tiene su historia propia, el habla es más que una acción cotidiana que sobrepasa a un simple mensaje, al receptor y al emisor, es en sí una actividad sencilla si la lengua va más rápido que la mente, pero si es pensado lo que se habla o lo que se dice sin duda estamos frente a una recurrente situación en la que sin caer en tecnicismos o palabras rimbombantes si se exige un grado o nivel de conocimiento mínimo de sinónimos, antónimos, parónimos; vamos de riqueza de vocabulario.

La palabra viste, decían “dime como hablas, y te diré quien eres” “y con esa boquita comes” por como hablaba o se conducía en el habla una persona, creo que sigue siendo vigente ese pensar en esa forma, salvo en casos en donde los círculos más cercanos den derecho a soltar la mente y la lengua lo que será  responsabilidad de quien lo hace, pero no así en las redes sociales, o en un manuscrito o en una charla con el jefe o con los compañeros del trabajo, menos aún frente a un púbico o audiencia que espera de usted algún mensaje serio, de fondo y responsable.

Comunicamos de muchas formas, pero hablamos  solo con la boca y si ya conocemos la forma es importante trabajar con el fondo, es decir saber de qué vamos a hablar y como lo vamos a hacer, porque si no solidificamos el discurso, el montón de palabras será, como arena suelta, palabrería que más allá de los finos consejos de Carreño (en su manual) o de alguno de los tomos de Guadalupe Loaiza (en su Manual de la Gente Bien) hará de nosotros analfabetas verbales y vamos a incurrir en lo fácil, lo grotesco, la grosería; antesala directa al que no habla, si no grita, desinforma y ofende.

Por ello hablar bien y hacerlo con responsabilidad es parecido a la leyenda de los medicamentos naturistas es responsabilidad de quien lo practica, lo recomienda y lo consume.

Seamos bienhechores de las formas al momento de hablar apuntemos a los grandes oradores como lo fue Demóstenes a pesar de su tartamudez, y bajo el manual y decálogo de José Muñoz Cota, defendamos las ideas del no hablar si no sabemos lo que vamos a decir. Por otro lado quienes tengan la experiencia de las letras por si solos y por conciencia social van a apoyar y a guiar al que por algún tipo de dificultad deba recorrer un camino más complicado para poder ser buen hablante.

Señoras y señores lectores de “Arena suelta” este apartado no pretende ni pretenderá ofender o dirigirse con maestría respecto a los temas que se toquen, pretende hacer analogías de lo sólido y lo suelto, y creo que hablar de tal forma que cualquiera pueda comprender es un sólido paso al éxito en la comunicación efectiva, por el contrario redundar, usar muletillas o caer en las palabras comunes solo reflejan lo que repiten y escuchan en la vía publica o con los amigos, sin saber que lo realmente valioso para la riqueza del léxico sigue y seguirá estando en los libros.

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