Política

Acción de Gracias a Dios y al Cardenal Alberto

  • Contemplando la creación
  • P. Ángel Espino García

El sol es siempre hermoso: en la mañana es tierno y tibio; al mediodía es fuerte y esplendoroso; por la tarde pinta de colores el espacio.

Así es la vida de cada uno y en particular, así es la vida fructífera de Don Alberto. Sobresalen tres etapas fuertes que han marcado su existencia.

1a.- Dicen los Evangelios que Cristo caminaba por la orilla del lago de Galilea y vio a Simón, después llamado Pedro y a Andrés, remendando sus redes pues eran pescadores. Jesús los llamó y les dijo: Síganme, y ellos lo siguieron. Más adelante vio a Santiago y a Juan con su padre que estaban lavando las redes y también los invitó a seguirlo. Ese mismo Cristo pasó un día por Celaya y miró con cariño al niño Alberto Suárez y lo invitó a seguirlo. Habló el pequeño con sus Papás y le dijeron que lo pensara bien. Alberto habló con un Sacerdote prudente, hizo oración diariamente para que el Espíritu Santo lo iluminara. Fue así como ingresó al Seminario Menor de Morelia en 1954.

Lo primero que vio en el patio del Seminario fue un letrero que dice “Vivere sume Deo”. Preguntó al Padre Samuel Lemus el significado, el cual le contestó: “Vivir totalmente para Dios”. Y aquella otra frase, qué significa: “Alios ventos vidi, aliasque procelas”. El Padre Sam, experto en lenguas y en literatura, contestó: “He visto otros vendavales y otras tempestades. El niño Alberto guardaba estas frases y las meditaba en su corazón.

2a.- Estudiante, Sacerdote, Obispo y Cardenal.- Como estudiante en el Seminario de Morelia, brilló por su inteligencia y dedicación. Sus notas siempre fueron excelentes. En Jesús del Monte, mientras los demás seminaristas jugaban futbol, el joven Alberto se internaba en los arbolitos con algunos compañeros, a leer poesías, repasar los clásicos como El Quijote, La Ilíada, La Odisea o La Divina Comedia. Al descubrir los superiores los carismas que el Espíritu Santo le había concedido, le propusieron continuar sus estudios en la ciudad eterna. Fue así como voló en el avión cruzando los mares hasta llegar a Roma. Fue un alumno aplicado y nunca dejó de comunicarse por carta o por teléfono con sus familiares, compañeros y superiores. Por fin llegó el día de su ordenación sacerdotal y se sintió muy emocionado cuando escuchó aquellas palabras: Tú eres sacerdote para siempre. Fue dinámico, entusiasta y de amplio apostolado. Después de algunos años, el Sumo Pontífice al enterarse de su espiritualidad, lo nombró Obispo, labor que desempeñó con fe viva y una caridad exquisita. El Papa Francisco en su calidad de Vicario de Cristo, con la fineza de su intuición, descubrió en Don Alberto las cualidades de un líder sencillo, sabio y organizador. Lo nombró Cardenal y a petición de Don Alberto, el Papa aceptó venir a Morelia para gloria de Dios y reanimar la fe de miles de niños, jóvenes, adultos y hasta de los presbíteros.

3a.- La Sagrada Escritura dice que Moisés cuidaba los corderos de su suegro, cuando vio unas zarzas ardiendo al pie del Monte Sinaí, y no se consumían. Dios se manifestó en dicha planta. Moisés se quitó las sandalias y Dios le encargó liberar de la esclavitud de Egipto al pueblo elegido de Israel. ¿Qué es una zarza? Una zarza es una planta común y corriente. De una zarza no se pueden hacer muebles. Es una planta débil y con espinas. Sin embargo Dios habló desde esa zarza. En esa planta débil estaba la presencia de Dios. A partir de esa sencilla zarza se inició la liberación de todo un pueblo duramente esclavizado. Así es el amor y el poder de Dios que manifiesta su redención por medio de la pequeñez del Sacerdote o del Obispo. Dice San Pablo: “Llevamos este tesoro en vasos de barro para que aparezca que una fuerza tan extraordinaria, es de Dios y no de nosotros”.

Muy querido Señor Cardenal: Gracias por lo que Usted ha hecho por la Iglesia, por la sociedad y por Arquidiócesis. Gracias por su bondad, su ejemplo y su paciencia. Dios le pague y le bendiga siempre. De rodillas besamos su anillo de Buen Pastor e imploramos su bendición. Dios nos ama. ¡Salvemos lo verde!

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