Opinión

Contemplando la creación/ Por: Padre Ángel Espino

EL EXCESO DE POBLACIÓN Y LA HUELLA  ECOLÓGICA DEL HOMBRE

 

“La congoja en el corazón del hombre lo abate, pero la buena palabra lo alegra” (Proverbios 12)

 

1.- Había una vez un campesino que se molestaba cuando hacía calor, al llover y hasta cuando hacía frío. Nada le contentaba. Un día le dijo a Dios: Señor, hay muchos cambios climáticos: calor, heladas, y granizadas. Por favor, déjame gobernar la naturaleza para que rindan las cosechas y la gente esté contenta. Dios se lo concedió y llegó “un nuevo comienzo”. Llovía suavemente, salía el sol, no había ni heladas ni tormentas. Todo era azul suave, brisas y poco viento. El campesino decidía y todos se sentían felices. Aplaudían, se abrazaban y se hacían compadres. Sin embargo, cuando llegó el tiempo de las cosechas, todo fue un fracaso. No hubo frutos. Los elotes no llenaron, los duraznos y aguacates no florearon, las calabazas, melones, sandías y los chilacayotes parecían canicas. El campesino preguntó a Dios qué falló. El Señor le explicó: Te faltaron las tormentas. Son necesarias para limpiar las siembras, para ahuyentar las plagas y para fortalecer los tallos de las plantas. De otro modo, quedan débiles y no llenan.

 

2.- ASÍ EN LA VIDA.- Por instinto de conservación rehuimos de la adversidad, pero son los vientos huracanados y las tormentas los que fortifican los robles y los pinos. Sin ellas no se hundirían las raíces bajo el suelo, ni se fortalecerían para resistir los embates de los vientos huracanados. En los humanos hay tormentas exteriores e interiores. Lo primero que hay que hacer es no tenerles miedo, sino extraer lo positivo que conllevan para beneficio de nuestro propio crecimiento. Las tormentas nos fortifican y las comodidades nos debilitan.

 

3.- LA VOZ DE LA IGLESIA.- El Papa Francisco habla de la debilidad de las reacciones ante la problemática que enfrenta la Tierra. Dice: “Estas situaciones provocan el gemido de la hermana Tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclaman otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud. El problema es que no disponemos todavía de la cultura necesaria para enfrentar esta crisis y hace falta construir liderazgos que marquen caminos, buscando atender las necesidades de las generaciones actuales incluyendo a todos, sin perjudicar a las generaciones futuras. Es indispensable crear un sistema de normas que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes de que las nuevas formas de poder terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia. (Alabado seas # 53)

 

4.- LA HUELLA ECOLÓGICA DE LOS HUMANOS.- La huella ecológica de la Humanidad es alrededor de un 25% más grande que la capacidad ecológica de la Tierra, y está creciendo velozmente. De seguir así con el abuso de los recursos naturales, el futuro de la naturaleza será cada vez más incierto. Las especies siguen diferentes patrones reproductivos que pueden contribuir a mejorar su posibilidad de supervivencia. Las que tienen capacidad para una tasa elevada de crecimiento de su población, se reconocen como “especies seleccionadas r”. Estas procrean muchos descendientes pequeños, pero les dan poca o nula atención materna. En resumen: en medio de tantos males, procuremos hacer un poco de bien. Bien dijo el escritor Dhammapada: “La fragancia de una persona buena se dispersa en todas las direcciones”. ¡Salvemos lo verde!

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