Juan Carlos Campos, El Hombre Que Quiso Ser Rey

Hombre de origen político de uno de los grupos priistas dominantes en Michoacán en el ocaso del siglo XX y el naciente siglo XXI, el del ex gobernador, Victor Tinoco Rubí; en aquel sexenio tinoquista fue el eterno Administrador de Rentas de la región Zitácuaro. Hombre de confianza de quien acusan, entregó el Solio de Ocampo al PRD, a la izquierda, a los restos del cardenismo.
Juan Carlos Campos Ponce, zitacuarense casi promedio, contador público de profesión, con una historia familiar desde su origen señalada en voz baja por la clase de doble moral.
Encumbrado en el poder. En noviembre del 2007, fue elegido legislador local para “representar” los intereses de los habitantes del distrito 13, que además de Zitácuaro, ocupa los territorios de Ocampo y Angangueo.
Un año antes, en plena campaña del 2006, los priistas tradicionales lo acusaron de haber roto con su partido, incluso de haber renunciado, para apoyar a quien llegó a la presidencia de la República por el PAN, a Felipe Calderón.
Dentro de la legislatura local, realizó un papel medianamente trascendental, le alcanzó para presidir la Mesa Directiva de su legislatura. Un trabajo de gestión centrado en la cabecera distrital. Hay quienes lo recuerdan siempre atento, dispuesto a resolver la problemáticas planteadas, en un pequeño local de sus parientes ubicado casi en el centro de la ciudad, rodeado de pocos colaboradores. Eficiente, pues, el legislador.
Pero que nadie se le olvide que fue uno de los legisladores que levantó la mano para aprobar las históricas y siniestras deudas públicas de Michoacán en el periodo de Godoy.
Perteneciente, además del grupo político ya mencionado, a un grupo de amigos, todos arriba de los cuarenta años, algunos herederos de empresas familiares, otros de fuertes empresas foráneas y algunos más, nuevos ricos del municipio, gracias a su participación en la administración pública.
Esa elite de cuarentones, impulsó a Campos Ponce a llegar a la Presidencia Municipal en 2011, dicen los que saben, aportaron fuertes cantidades de dinero para obtener diversas posiciones políticas y contratos a modo desde el ayuntamiento; además de aportar operación política al viejo estilo, las misma formas para ganar una elección del viejo régimen.
Agregue usted un ingrediente, que es un secreto a voces, la participación de las fuerzas extrañas operando a favor del partido que resultaría ganador en el municipio y en el estado.
Pero, otra vez los rumores, Campos Ponce no operó a favor de su candidato, sino en favor de la panista, una Calderón, la Cocoa le dicen. Los números de la elección son fríos, un argumento a favor de ese rumor. Tan esa así, que una vez las riendas del gobierno estatal tomadas por Fausto Vallejo, se olvidó de este municipio. Una venganza al no apoyo de Campos.
La administración iniciada el primer día del 2012, arrancó cuestionada. Nepotismo, pago de favores e inversiones, funcionarios señalados por la auditoría en otra época.
Si quieres conocer realmente a un hombre, dale poder, dicen por ahí. Y Campos Ponce es el mejor ejemplo.
No ha pasado mes, semana, que no se haya llenado de polémica.
Hacer un recuento requiere un mayor espacio. Los excesos e infortunios del hombre, el pequeño rey zitacuarense, no han sido menores.
Además de los señalamientos hechos desde el arranque de su periodo, sobrevino un torbellino, un huracán de escándalos.
Fiestas de cumpleaños con cargo al erario, idas continúas a los antros de moda fuera de la ciudad, regularmente terminadas en escándalo. Viajes al extranjeros también continuamente, con cargos al gasto público. Altas cuentas pagadas en distintos restaurantes, donde el consumo de alcohol es protagonista.
Y la decisión más impopular de su pequeño “reinado”. Cambiar de fecha la tradicional feria de febrero, para marzo. Su argumento, el clima. La razón de fondo, su interés empresarial; cuentan las malas lenguas, el interés de las fuerzas oscuras nuevamente. Vaya usted a saber.
Después, sobrevinieron otros escándalos, más polémica, el nombre de Zitácuaro, arrastrado en medio estatales y nacionales.
Los de mayor efecto, la grabación donde reconoce dar “moches” a legisladores que lo apoyan a bajar recursos. Días después en un medio nacional aceptó dar cuotas al crimen organizado.
Luego otros más, escándalos no publicados, solo sabidos de boca en boca. Somos un pequeño pueblo al fin y al cabo.
Más tarde, otros escándalos, Zitácuaro me dueles. Su ya famoso, “los Orihuela (la familia que este año buscó encumbrarse en el poder absoluto y obsoleto) me la pelan” hasta su probable enriquecimiento inexplicable, adquiriendo enormes propiedades, algunas bien comprobadas, otras un secreto a voces o rumor.
Sí, el hombre nos quemó por cuarta vez.
Y fuera de estos escándalos, no hubo nada trascendental, cero obras de alto impacto, cero proyectos relevantes, solo buenas intenciones en el mejor de los casos. En otros, más corrupción, impunidad, fraudes. Así ningún pueblo puede desarrollarse.
En el ocaso de gobierno, termina odiado por colaboradores, de confianza y sindicalizados. Sus amigos, esa élite política y económica, hoy lo rechaza. Su partido, lo desconoce, no de manera institucional. Escándalos y rumores familiares. Quienes hablan para defenderlo, es por un pago de por medio.
Pero tiene el peor rechazo de todos, el del ciudadano de pie, ya no lo aplaude, no lo saluda, a veces ni lo abuchea, ya le es indiferente. Las mieles del poder acaban, en medio soberbia, la caída será estruendosa, de dimensiones incalculables. Al tiempo.
Pero, usted juzgue ¿es Campos Ponce el único responsable de este desastre?



