Ser y tener/Por: Gaby Soto

La diferencia entre el ser y el tener es abismal. La mayoría de las personas que rodean nuestra niñez nos repiten constantemente la importancia de crecer y tener. Tener cosas materiales que nos permitan tener una vida cómoda con más de las cosas necesarias para vivir. En nuestros pueblos de origen, los jóvenes y niños se conforman con poco, ir a la escuela, disfrutar de los amigos, visitar la plaza pública, ir a misa, al mercado, a la nevería o solamente caminar por las calles del pueblo. Vivir en una ciudad es tan distinto, cambian tus necesidades, necesitas transporte privado para casi todas las actividades, teléfono e internet son indispensables.
La vida me ha enseñado que es más importante ser, sin dejar de lado que necesitamos lo indispensable para vivir, sin ser conformista, más bien transformando para bien el mundo que nos rodea. Siempre he sido idealista, tal vez por ello seguido tengo crisis existenciales, es complicado encontrar gente afín con la cual compartir las cosas importantes de la vida. Hablar de crecimiento humano, calidad en el servicio, esencia humana… son palabras comunes para los que pensamos como yo. Comprender que no es necesaria una marca de ropa, un vehículo del año, una majestuosa vivienda, y traer miles de pesos o dólares.
Tal vez quienes necesitan menos para vivir sean más ricos que todos nosotros. Con nostalgia a mi mente llegan los recuerdos de tantas personas que habitan en comunidades y que veía reír a carcajadas, con esa risa tan natural, sin preocupaciones. Sin preocupaciones superficiales, porque para ellos lo más importante es comer al día siguiente. Las comidas que parecen más sencillas, pero que son tan nutritivas y tan frescas. La gente en las comunidades que yo visito, colectan calabacitas, frescas, elotes tiernos, maíz, frijol, nopales, hongos, ejotes, verdolagas, quelites… Todo eso de lo que carecemos los citadinos.
Ellos enferman de otras cosas, también las enfermedades las escogemos. Sus enfermedades son físicas, las enfermedades más graves vienen del alma. En la búsqueda de nosotros mismos, muchas veces nos perdemos, hablo de mí para no hacer sentir mal a nadie. No juzgo, cada quien escoge su camino y como desea vivir. Muchas veces construimos cárceles mentales de acuerdo a nuestros prejuicios y vivimos de acuerdo a lo que los demás esperan de nosotros. Callamos esa voz de libertad que surge de nuestra conciencia. Pensamos que nos quedaremos en este viaje llamado vida por mucho tiempo.
Pero tiempo es lo que menos tenemos y lo realmente valioso, siendo niños anhelamos crecer, para conseguir nuestros sueños, cuando somos niños soñamos despiertos, disfrutamos de cosas simples como jugar, correr, brincar, gritar o tirar agua. Los adultos nos volvemos exigentes con los pequeños pretendiendo que crezcan antes de tiempo. No entendemos que la niñez de nuestros hijos es un tesoro que pareciera líquido entre nuestros dedos. Se escurre y cuando nos damos cuenta ya no tenemos nada. Ya en mis sienes asoman las canas, seña de que vivo otra etapa de mi vida, que disfruto del silencio y de la soledad.
Pero si bien recuerdo creo que siempre he disfrutado de esa fiel compañera llamada Soledad, porque me ha ayudado a pensar en los errores que he cometido, el daño que yo sola me he hecho, porque cada que nos equivocamos los más dañados somos nosotros. Nunca te preocupes por lo que otros piensen o digan de ti, lo más importante es lo que piensas de ti misma o de ti mismo. Tu vida es tu paquete, es tu gloria o es tu infierno. Al final del camino de lo único que habrás de arrepentirte será de lo que no viviste. Estas reflexiones que hoy comparto son mi ser y mi pensar, hay muchos que piensan como yo, pero pocos que se atreven a decirlo. Para lograr el ser hay que tener valor, vivir requiere de gallardía, de atrevimiento, de arrojo de saber apostar, no importando si pierdes. Muchas veces nuestras pérdidas son ganancias y nuestras ganancias perdidas. Sé tú mismo siempre aunque tengas que luchar contra corriente. Si alguien me preguntará que tengo, contestaría de inmediato que solamente lo que he buscado, que nadie encuentra algo distinto a lo que busca.
He logrado ser, crecer, vivir, apostar, pero sobretodo luchar. Nunca las condiciones han sido a mi favor, siempre ha sido difícil los ambientes a los que me enfrento, pero he comprendido que todo tiene un costo y cuando las cosas no se pagan con dinero, el precio es aún más caro.



