Opinión

APRENDIENDO A VIVIR/ Por: Gaby Soto

¿Cómo hacer que nuestra estancia en este mundo valga la pena? Sin duda es una pregunta recurrente, mis respuestas son estas: Disfrutando de vivir, haciendo felices a quienes nos rodean ya sea familia, amigos o a quienes podamos ayudar. De niña un maestro me anotaba en mis exámenes; “Quien no vive para servir, no sirve para vivir.” Sus enseñanzas hoy me acompañan, mi entrañable profesor de Ciencias Naturales cuando curse primero de secundaria, Javier Uribe Cambrón.

Los maestros de enseñanza básica se convierten en nuestros primeros líderes: su motivación, inspiración y guía nos impulsan a luchar. Ellos los maestros siembran en nosotros ese espíritu de rebeldía que no acepta el conformismo, que nos enseña que el camino al éxito es el estudio y la perseverancia. Hoy en la mañana al salir de misa coincidimos en el desayuno con paisanos y familia nuestra, unos tíos de mi esposo, una señora mexicana y otra colombiana. Sus palabras de esta última me hicieron recordar mi origen.

La comunidad latina que nos reunimos en nuestra iglesia los domingos en la celebración de la misa, en muchas de las ocasiones organizan venta de antojitos mexicanos, con la finalidad de obtener fondos para apoyo a la iglesia. Ahí desayunamos lo tradicional de la comida mexicana tamales, gorditas, tacos, menudo y muchas cosas más. Por esta convivencia escuche con atención el pensar y sentir de una mujer colombiana que describió sus carencias de la infancia, su trabajo aquí en los Estados Unidos de América y las enseñanzas a sus dos hijos, crecidos en este país.

Entre las cosas que comentó hubo una que llamo mi atención la pregunta de esta mujer es que nos faltó para educar a nuestros hijos y que ellos se conviertan en soporte para nosotros sus padres. Habló de que en este tiempo tiene mucho que agradecer a este país, porque le permitió apoyar en todo a sus padres. Yo pienso que nos han faltado muchas cosas para educar a nuestros hijos y somos una generación que erradamente creyó que con ser proveedores materiales de todo lo necesario, no permitiendo que nuestros hijos sufrieran carencias económicas, estábamos haciendo un buen papel.

Hoy la vida nos ha dado un revés, ahora que ya soy abuela he comprendido que también se necesita del sufrimiento y las carencias, de que los niños perciban las necesidades, para que anhelen conseguir lo que les hace falta, para que se enseñen a soñar, para que disfruten de una ropa comprada con esfuerzo. Para que no se acostumbren o lleguen a pensar que lo merecen todo. Hicimos en términos generales una generación de niños estudiosos, porque tratamos de enfocar todos sus esfuerzos en el estudio, pero también les hace falta aprender a sobrevivir en la vida cotidiana.

Enseñar a un hijo a ayudar a sus padres, viene del ejemplo. Sí yo como hija no me preocupo si quien me dio la vida come o tiene un techo para vivir, ¿Qué puedo esperar el día de mañana? Dicen que la palabra enseña, pero sin duda el ejemplo arrastra. Hay hijos que hacemos nuestra vida y cómodamente olvidamos nuestro origen, dejamos la responsabilidad de nuestros padres ya ancianos a un solo proveedor. Nuestros padres estarán en nuestra vida por poco tiempo, a veces nos toca irnos antes. No busquemos solamente ser exitosos en las cosas materiales, seamos buenos hijos.

La estancia nuestra en este mundo vale la pena, cuando aprendemos a vivir y cuando eso sucede ya hemos equivocado infinidad de veces, ya vamos de salida. No soy muy joven pero ahora disfruto más las cosas que hago. Sin duda las cosas más importantes son dar lo mejor de nosotros, en tiempo, en esfuerzo, en trabajo, los ingresos monetarios deben servirnos para proveer a los nuestros. No soy una mujer que no necesite trabajar, al contrario me levanto cuando aún esta oscuro y termino mis labores después de que cae el sol. Me asombro del trabajo físico que hago, pero sin duda no me preocupo por que me falte comida o vivienda o ropa.

Espero en un futuro volver a mi pueblo y disfrutar de lo que viven los míos, de ir al pan, al mercado, a la iglesia, a la plaza, de caminar, correr, de ver de cerca a mis nietos, abrazar a mi madre y decirles a mis hijas cuanto las amo. Por hoy abrazo y consiento a los dos hombres de mi vida mi esposo y mi hijo.

 

 

 

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