Código alpha: Las moscas y el debate.

Por: Sergio Santiago Núñez Galindo.
Muchos ríos de tinta y muchas opiniones correrán en los medios de comunicación en torno al primer debate entre candidatos a la presidencia de la república; más allá de las fobias y filias que todo ser humano siente en materia política, es importantísimo que el día de hoy recordemos la esencia primigenia de un debate: es precisamente en la época dorada del pensamiento progresista de la Grecia clásica cuando algunos de los más ilustres pensadores e ideólogos de las democracias modernas, como Platón o Aristóteles imaginaron el debate como una herramienta filosófica que les permitía contrastar ideas y buscar soluciones a las distintas problemáticas planteadas.
Pero incluso antes de los griegos, hubo un pueblo que pasará a la historia por haberle regalado uno de los primeros parlamentos modernos y las primeras prácticas del debate civilizado en occidente, me refiero a los ancestros vikingos de la actual Islandia, que aproximadamente en el año 930 fundaron en el valle del Thingvellir, un parlamento plenamente funcional conocido como el Althing.
Así pues si partimos de la lógica anterior y analizamos el debate del domingo, podemos llegar a una preocupante conclusión que nos deja ver que entre nuestra clase política y en general dentro de nuestro entramado democrático, no existe el menor respeto o aprecio hacia el debate puro, hacia la práctica parlamentaria objetiva y con argumentos.
Lo que vimos este fin de semana fue un spot multicandidatos de dos horas de duración donde no hubo argumentos, no hubo intercambio de propuestas, ni tampoco una muestra siquiera elemental de respeto a la inteligencia de los espectadores.
Entre descalificaciones, ataques, desplantes humorísticos, esbozos de propuestas cantinflescas y una retórica sin fondo, fuimos testigos de la decadencia más viva del parlamentarismo y el debate electoral mexicano contemporáneos.
Mención aparte merece la esquizofrénica propuesta del Bronco quien al más puro estilo del wahabismo islamista más radical (y que sólo se practica en los más oscuros regímenes coránicos donde reina la sharia como ley penal) le propone a la gente como una gloriosa idea en materia de seguridad, el cortarle las manos a los delincuentes para terminar con la inseguridad y de paso atender el reclamo social de terminar con la corrupción.
Probablemente más de uno haya soltado una carcajada al momento de escuchar al colorido candidato norteño, sin embargo en el fondo es la cara más viva de un país y de unas instituciones parlamentarias que hace mucho tiempo han perdido el rumbo en lo que al debate se refiere y que pareciera que sólo se nutren de ocurrencias retóricas para atraer votantes.
Decía el gran Carlos Fuentes en su obra “Todos los gatos son pardos” que si no fuese por la tarea de algunos escritores, la historia de México no tendría más voz que el zumbido de las moscas en los basureros de los discursos, las falsas promesas y las leyes incumplidas.
Pues al parecer hoy la historia de este debate seguirá teniendo voz en esas moscas fuentesianas que habrán de celebrar el manjar de desechos discursivos del cual fuimos testigos.
Por el bien de nuestro país y nuestras instituciones ha llegado el momento de detenernos a pensar con responsabilidad ¿Cómo es posible que una tribu de vikingos hace más de dos mil años haya entendido con mayor claridad la esencia del debate y sus implicaciones para la vida pública, mejor que como lo hacen los 5 mexicanos que hoy aspiran a gobernar nuestra nación?
Es responsabilidad de todos nutrir un verdadero debate sin pasiones, con argumentos y sobretodo con propuestas, pero este debate debe surgir de las últimas trincheras del pensamiento ilustrado: sociedad civil, universidades, escuelas, medios de comunicación y centros de investigación deben ser el refugio y la casa natural de la discusión ordenada sobre los grandes temas que enfrenta el país, ante un sistema político que ha traicionado el verdadero debate, es menester que como ciudadanos fomentemos una discusión nacional de gran calado para evitar así que sigamos siendo mudos testigos del vuelo de las moscas sobre los restos malolientes del discurso vacío y electoral.
los invito a seguir a partir de hoy este “código alpha” en esta casa editorial.



