Vive, sueña, apuesta.

Por Gaby Soto
Escribir es una tarea apasionante, me recuerdo a mí misma escribiendo a escondidas lo que parecía un pequeño diario a la edad de siete años. Me preguntaba el por qué el mundo era tan injusto, mientras unos niños tenían todo, otros como yo casi nada. Eso no cambio para nada el rumbo de mi vida, pero si fue lo que me impulso a luchar por un mundo mejor para los míos. A esos escasos años poseía una gran conciencia de lo que sucedía a mí alrededor. Como carecíamos de casa propia, rentábamos casas pequeñas, en condiciones precarias o llegue a vivir en vecindades conviviendo con grupos de personas, de las cuales aprendí muchas cosas y hoy que somos adultos nos unen lazos de hermandad.
La ultima vecindad en la que viví era una casa muy grande propiedad de mi padre, tenía una pila muy grande, para almacenar agua, ahí había varios lavaderos, que usaban las mujeres y niñas que ahí vivían. Yo peleaba al parejo con niñas y niños, pero también reía a carcajadas. En la escuela siempre fui una alumna destacada, que le gustaba organizar cosas, abanderar causas, algo vieron en mí mis maestros de ese entonces que me impulsaron a ser líder. La clave de ser líder es guardarte tu propio sufrimiento y consolar a los demás, impulsar a los que te rodean y hacer que las cosas cambien para bien. Decirles a los demás que todo es posible, sí nunca dejas de luchar…
Mis juegos infantiles formaron mi personalidad, esas calles empedradas y los raspones en mis rodillas me enseñaron que cada que caes estas obligado a levantarte con más fuerza. El hambre con la que algunas veces dormí me hacía soñar en grande. Lo grande para mí en ese tiempo era poder ofrecer una vivienda propia a mi madre, siendo la séptima de ocho hijos, pude concederle ese sueño a mi madre. Sueño que acariciaba a veces que su cansancio se lo permitía. Así transcurrió parte de mi infancia, bonita por cierto, con grandes enseñanzas. Conocí las calles de mi pueblo y en ellas crecí. Recuerdo con nitidez mis juegos infantiles: el resorte, el avión, el stop, el cuadro, los encantados, la roña, la cuerda, la pelota y hasta las tardes de lluvia robando los elotes de las parcelas.
Un tiempo viví en Pueblita, esa colonia me trae recuerdos hermosos, mis amigas del lugar, Carla, Adriana, Beatriz, Gaby, Juanita, María Elena, Alejandro y Ricardo. Todas las tardes eran de juegos, de convivencia, de risas, de idear que hacer para divertirnos sanamente. Yo contaba con escasos doce años, no tenía casa propia, pero sí grandes sueños y metas muy firmes. Siempre tuve la fuerte convicción de llegar a ser una mujer grandiosa, como ser humano, exitosa, con carácter fuerte para vencer lo adverso, transformadora de mi mundo y mi destino. Lo verdaderamente sorprendente es que a pesar de las grandes carencias, he triunfado, soy eso que soñé. Mi vida y mis sueños son una muestra de lo que podemos lograr los seres humanos.
Por ello si hoy me lees y crees que la fatalidad te ha acompañado, ten la seguridad de que trabajando con constancia puedes conquistar tus sueños, el dolor el sufrimiento y las carencias están en ti para hacer de ti un espíritu fuerte. No se vale darse por vencido, no se vale dejar de luchar, no se vale buscar pretextos, todos tenemos grandes talentos para seguir adelante. Vamos apostando por nuestros sueños, pongamos nuestras energías en lograr lo que queremos. Camina por la vida con dignidad, demuestra de que madera estas hecho, demuéstrate a ti mismo y a los demás que toda regla tiene una excepción.
Deja atrás los prejuicios, no descalifiques a los demás, el mundo no es blanco o negro, tiene todas las tonalidades, se vale equivocarse, se vale errar porque somos humanos. Enfréntate al mundo con agallas, más aún si eres madre soltera, llegará a tu vida el ser que te amé y ame a tus hijos. Deja a un lado los estereotipos. Atrévete a vivir. Vivir va más allá que ser un ama de casa común que ve la vida detrás de una ventana y prejuzga sin haber luchado, sin conocer de cerca el dolor, porque afortunadamente para ella tiene un proveedor. La vida es más que lo que ves, es apasionarte, involucrarte, apostar, sin hipocresías, con miedo pero con valor. Basta de los formalismos y las formalidades de lo que los demás establecen como normal, juégatela porque es tu vida y nadie más va a vivirla por ti…



