Arena suelta/ Tayde González Arias

Aprender a creer es un proceso natural, como también lo es la incredulidad.
Las pruebas o formas de comprobar un dicho no siempre es fácil, de hecho seguramente mi estimada lectora y lector deberá recordar cuando alguna o más de una vez le han dicho, un ¿es enserio? – ¿No me crees verdad?- o – ¿no me estas mintiendo?- y es que cada vez pareciera que nos alejamos unos metros de confiar, de creer en todo aquello que no palpamos, somos testigos de que ocurrió o los tenemos que observar.
Dichosos aquellos que sin ver, creen, anotan las escrituras bíblicas y aunado a esa idea es que yo le quisiera invitar que en medio de tanta red social, de tanto bombardeo informativo, de cuanto personaje nos acecha y que pareciera que colocan un pie para que tropecemos, o de aquellos que no hacen ni dejan hacer, le invito a creer. Puede poner esta cualidad ligada a la confianza en el pensamiento de quien le dé la corazonada que tiene la razón y que actúa para bien, o quien le haya seguido los pasos y conforme a su historia de vida, rasgos o cualidades sea beneficiando con su credibilidad, como sea que haya sido crea.
Creer es un principio de lo que se puede lograr a tener y un voto a favor del otro que al otorgarle el beneficio seguramente creerá tarde o temprano en alguien más.
Las creencias por lo divino son un ejemplo de fe que cual muro construido con las más fuertes rocas nadie podrá derrumbar. El que usted crea en alguien ha de ser una sucursal de la emoción de que puede pasar de tal o cual forma algo que usted quiere o desea que pase.
Si una vez caminando la vida, en quien usted creyó no le correspondió como quiso, siga adelante y vuelva a darle esta oportunidad a alguien más, vera como al final ganará una esperanza o la posibilidad de un pueque, de tal vez o de un será. Y vivir esperanzado es como quedarse con la cuchara chiquita después de la comida, es decir el postre llegará. Aprovechemos que fuimos dotados de emociones, y pensar en lo posible es una invitación a esperar de una forma más agradable el transcurso de la vida.
He escuchado que muchas personas ya no creen en lo que dice el noticiero, lo que escribe alguien, lo que habla un intelectual y continuamente en los discursos de los políticos, sin embargo no por el hecho de no creer la política se acabará, o desaparecerá el canal de noticias o nadie más escribirá; por eso en lugar de que diga que ya no cree, abra el abanico de oportunidades en todos los aspectos y vera que siempre vale algo o alguien a quien se le puede creer. La democracia es un acto de elección en donde creer es fundamental.
Probablemente no crea en todo cuanto sea dicho en esta colaboración, pero si lee otra entrega hay la posibilidad y tengo la esperanza puesta en que me pueda creer y así le puede suceder en la cocina en donde no creía que el dulce y el salado fuera ser agradable para sus invitados y le pidieron mas del sabor agridulce cocinado. Hacen falta en el mundo más hombres y mujeres a quien creerles y en quien se deba creer más, sea y vuélvase una o uno en quien se pueda creer y que crea.



