NOVUS ORDO SECLORUM/“Estoy a favor del Presidencialismo”. Enrique Peña Nieto.

Por: M. en D. Joaquín R. Benítez V.
El Priimperialismo.
Dictatorial e imperial eran los calificativos que describían el presidencialismo mexicano posrevolucionario desde 1934 hasta 1994, en el que la división de poderes solo existía en la teoría, tanto el Legislativo y el Judicial se inclinaban ante la figura del Ejecutivo en turno; con la exigencia de la oposición y de ciertos sectores sociales, se impulsaron las reformas pertinentes a efecto de lograr una verdadera independencia entre los tres poderes.
Con la llegada de la alternancia panista, la figura presidencial fue perdiendo su autoritarismo ante otros actores políticos, hasta el grado de que líderes sindicales creían estar por encima de la silla presidencial, ese debilitamiento del poder del titular del ejecutivo fue lo que encontró Enrique Peña Nieto, al ganar los comicios de 2012; por tal motivo, el Revolucionarios Institucional, desde el Congreso de la Unión, impulsó las reformas necesarias para devolver a la silla presidencial todo el esplendor de sus años autoritarios.
Prueba de ello fue el Pacto por México, la permanencia del fuero en la figura del presidente, el golpe contra Carmen Aristegui, los escándalos de la Casa Blanca y la de Malinalco, la verdad histórica de la desaparición de los 43 normalistas, la privatización de los energéticos; las leyes perniciosas y restrictivas que se han aprobado con la ya conocida “aplanadora” en el Congreso de la Unión; los intentos por prohibir la expresión de ideas en redes sociales.
No puede explicarse el retorno imperial de la figura presidencial, sin la ayuda y aval del duopolio televisivo y los medios de comunicación cooptados; la atomización del poder presidencial fue algo pasajero, inicuo e ilusorio, hoy en la silla de Palacio Nacional vuelve el emperador azteca sexenal, al que todos los súbditos políticos tiene que reverenciar a pesar de los errores políticos, económicos y sociales.
¿Regresáremos a las desapariciones forzosas o al homicidio de estudiantes? Todas las señales políticas hacen pensar que de manera inmediata no, pero de manera mediata es muy posible, así que entraremos en la dinámica de respetar la institución presidencial, la que de nuevo se enquistará como un cáncer político, el cual se pensó estaba extirpado del sistema político mexicano, pero que está latente en las agresiones contra periodistas, estudiantes, maestros, ciudadanos, etc.
La enfermedad ha regresado, quizá las condiciones sociales ya no sean las mismas, se vaticina que el presidencialismo se vuelva a prolongar por otros 18 o 24 o 30 años, ello sin que la sociedad mexicana haga algo. Al igual que el pueblo romano, al mexicano, le quitaran su libertad y seguirá aplaudiendo en el gran circo; poco a poco trataran de mermar cualquier resistencia de la sociedad para imponer la “mano dura”.
Atada la oposición y al quitarle los colmillos a medios de comunicación, ¿quién se atreverá a levantar la voz en contra del presidencialismo? Las opciones que quedaban eran las redes sociales, pero éstas también están en peligro de ser controladas por el gobierno, tal y como sucede en China o Corea del Norte, pues no quieren que sea la web el medio de defensa en contra de las sombras que rodean a la figura presidencial.
Si el gobernante fuese sabio, quizá no dolería tanto su imperialismo sexenal, pero cuando llegan al poder personas cuyo mérito es el de ser un cachorro de la familia revolucionaria, he ahí el problema; cómo respetar a un político que no puede recordar tres libros que hayan influido en su vida o que su capacidad intelectual se limite a un telepromter; es precisamente en esos pequeños detalles en los que se aprecia el deterioro de la política del país.
Por ello, en el ámbito internacional, México es considerado un país tercer mundista cuyo enanismo presidencial nada tiene que hacer ante figuras como Barak Obama o ante Vladimir Putin. Quien en más de una ocasión ha puesto a temblar a las otrora potencias mundiales, por ejemplo, en el caso de Crimea.
Mientras tanto en México, los presidentes se han inclinado ante sus homólogos de América del norte, entregando las pocas riquezas que aún le quedan a este país, basta con ver las reformas estructurales (súper sic), que los tecnócratas en el poder han llevado a cabo para vender a la patria.
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